Esta exposición originalmente se presento en enero de 2021, ahora la volvemos a exhibir como un homenaje póstumo a la maestra Inés. La muestra permite recuperar una parte significativa de la producción gráfica que se desarrollo a la par del desarrollo de su investigación del posgrado.

En está ocasión tras su partida, inevitablemente cambia nuestra manera de mirar estas obras: hoy, aquello que fue una reflexión sobre la violencia y sus imágenes se encuentra marcado por la ausencia de Inés.

Invitamos a las y los amigos, colegas, alumnos y personas que conocieron a la maestra Inés a participar en un memorial en línea que busca mantener presente su obra, su sensibilidad y el legado que dejó en quienes compartieron con ella. La propuesta es sencilla: crear una obra plástica en su honor, compartir una reflexión escrita, un recuerdo significativo, un poema, un texto literario o cualquier expresión que permita evocar su presencia y aquello que sembró en nosotros. Cada aportación será parte de este espacio colectivo de memoria. Para participar o solicitar información, pueden escribir a: contacto@taexvi.org

INÉS GB

Artista visual, docente y promotora cultural

 

Existen personas que pasan por la vida dejando obras. Hay otras que dejan recuerdos. Inés dejó ambas cosas, pero también dejó algo más: una manera de mirar.

 

Desde muy pequeña entendió que el mundo estaba hecho de historias que no siempre se contaban. Le interesaban esos relatos que no se contaban en los libros de la escuela, esas voces que venían de los recuerdos o de las tradiciones que contamos para recordar que esas historias también tienen un valor que merece recordarse.

 

A los 16 años comenzó a realizar recorridos nocturnos por el panteón de Xilotepec durante la celebración de Día de Muertos. Mientras algunos vivían esas noches con temor, Inés desde niña encontró en ellas una forma de acercarse a la muerte sin apartar la mirada. Poco a poco, aquella fascinación de infancia se convirtió en conocimiento, investigación y una relación cercana con una de las celebraciones más significativas de la cultura mexicana.

 

Con el tiempo esa celebración, se convirtio en parte de su vida. No se trataba solamente de contar historias de aparecidos, ánimas o lugares. En su voz y sus caracterizaciones, las leyendas se convertían en una manera de hablar de quienes ya no están, de los lugares que habitamos y de aquellos recuerdos que decidimos conservar para no olvidar lo que es importante.

 

Ese interés por preservar los recuerdos la llevó a acercarse a las tradiciones de su natal Xochimilco, un lugar donde la memoria permanece entre sus canales, barrios, fiestas, panteones y antiguas formas de entender la relación entre la comunidad y lo sagrado. Inés encontró ahí un espacio de aprendizaje, pero también un territorio emocional que alimentó su sensibilidad como artista y promotora cultural.

 

Su formación académica se desarrolló dentro del campo de las artes. Cursó la licenciatura y posteriormente la maestría en artes, donde desarrollo una trayectoria que nunca quedó encerrada en las aulas. Para ella, aprender arte significaba también compartirlo.

 

Durante más de diecisiete años ejerció la docencia artística, trabajando con niñas, niños, jóvenes y mujeres adultas con neurodivergencias. En ese diálogo cotidiano con otras personas, la enseñanza no solo fue una simple transmisión de conocimientos técnicos. Fue una forma de acompañar procesos, descubrir posibilidades y reconocer que cada persona encuentra su propia manera de expresarse.

 

Yo considero que por eso su trabajo como docente estuvo profundamente relacionado con su manera de entender el arte: no como un objeto distante, sino como una herramienta para ayudar a mirar, sentir, recordar y construir vínculos de una manera distinta.

 

En su labor de artista visual, Inés exploro distintos territorios de la creación. Trabajó el dibujo, la talla en madera, la cerámica, la serigrafía y la litografía, además de incursionar en el arte textil. Esa diversidad de exploraciones técnicas muestra una curiosidad que nunca quiso quedarse quieta. Cada material le ofrecía una posibilidad distinta de pensar. El lápiz o bolígrafo permitía la huella; la madera, la resistencia y la memoria de la materia; la cerámica, la transformación de la materia; la gráfica, la repetición y el registro; lo textil, la relación entre el cuerpo y la imagen.

 

Por lo menos para mí es imposible separar su obra de esa búsqueda constante. En su trabajo artístico convivieron distintas preocupaciones, imágenes y lenguajes, como si cada técnica fuera una puerta hacia otra habitación de la misma casa.

 

Ahí se encuentra uno de los elementos más interesantes de su obra: Ella trabajó siempre con aquello que permanece cuando todo lo demás comienza a desaparecer.

 

La muerte estuvo presente desde sus primeros años de la infancia con la velación en el panteón el Día de Muertos. La memoria apareció en su acercamiento a las tradiciones. La enseñanza le permitió encontrarse con otras vidas. El arte le dio materiales para registrar aquello que, de otro modo, podía perderse.

 

Todo esto le otorgó un carácter muy humano a esa búsqueda.

 

Porque al final, hacer una imagen, contar una leyenda, enseñar a dibujar o conservar una tradición son distintas formas de decir: esto ocurrió, esto existe, alguien estuvo aquí.

 

Inés construyó su vida entre esas preguntas. Las que tienen que ver con la memoria y el olvido, con la presencia y la ausencia, con aquello que heredamos y aquello que alcanzamos a dejar antes de irnos.

 

Es por eso que sus recorridos contando leyendas por el panteón a medianoche del 1° de noviembre, no fueron solamente una aproximación a la muerte. Fueron, sin saberlo en ese momento, una manera de aprender a mirar la vida desde su límite.

 

Porque hay quienes pasan por un panteón y sólo ven tumbas.

 

Otros escuchan las historias.

 

Y hay quienes, como Inés, descubren que entre el cemento, las flores, la tierra y el silencio todavía queda algo de nosotros para recordarnos.

 

Inés Lucía García Barrón

9/1/1985 - 11/9/2026

Somos nosotros...

SOMOS LEGIÓN

 

En el corazón de esta propuesta se encuentra una preocupación esencial: ¿cómo representar aquello que, por su propia naturaleza, parece resistirse a ser representado? La violencia deja marcas en los cuerpos, pero también en la memoria, en el lenguaje y en nuestra manera de mirar. Puede convertirse en noticia, estadística, espectáculo o imagen repetida hasta perder su capacidad de afectarnos. Frente a esa anestesia de la mirada, Inés buscó otro camino: no reproducir la violencia como acontecimiento, sino explorar las sensaciones, tensiones y perturbaciones que produce.

 

La gráfica se convirtió en un territorio de búsqueda. En ella, el trazo gestual adquiere una presencia casi física. Las líneas se acumulan, se cruzan, se interrumpen y vuelven sobre sí mismas; algunas parecen perseguir una figura, mientras otras la desbordan. El dibujo deja de ser únicamente un medio para delinear formas y se convierte en el registro de una acción. Hay algo corporal en ese gesto: una mano que insiste sobre la superficie, que construye y destruye al mismo tiempo.

 

En las obras de Inés, la figura humana aparece frecuentemente atrapada en esa tensión. Se reconoce un rostro, en ocasiones animal, un cuerpo o un fragmento anatómico, pero inmediatamente la imagen comienza a deshacerse. El contorno se vuelve incertidumbre. La materia gráfica invade la representación. El blanco deja de ser simplemente fondo y adquiere el peso de una ausencia. Esta ambigüedad resulta fundamental: aquello que no alcanzamos a identificar por completo puede inquietarnos más que una imagen cerrada.

 

La metáfora permite que la violencia abandone el terreno de la ilustración. No se trata de mostrar una escena determinada, sino de construir una experiencia. El contraste entre negros densos y superficies abiertas, entre acumulación y vacío, entre aparición y desaparición, produce un espacio psicológico donde la mirada del espectador debe completar aquello que la obra deja deliberadamente incompleto. La imagen no ofrece una respuesta; coloca al espectador frente a una sensación que no puede resolver con facilidad.

 

Y entonces Legión aparece.

 

Ya no únicamente como el nombre de aquel espíritu del relato bíblico, sino como una posibilidad de pensar la violencia desde su condición múltiple. Muchas presencias pueden habitar una sola imagen. Muchos cuerpos pueden aparecer contenidos en un solo cuerpo. Muchas historias pueden concentrarse en un rostro. La multitud puede estar afuera, pero también puede habitar dentro de nosotros como memoria, miedo, deseo, culpa o experiencia.

 

Esta construcción de la imagen no busca convertir la obra de Inés en una ilustración del relato bíblico. Su fuerza visual está precisamente en la distancia entre ambos. El episodio religioso aporta una imagen originaria: la multiplicidad contenida en una sola presencia. Su propuesta toma ese punto de partida y lo desplaza hacia otro territorio, el de la representación de la violencia. Entre ambos aparece un conflicto importante: ¿cuántas formas de violencia pueden habitar una sola imagen y cuántas imágenes necesitamos para reconocer que forman parte de una misma realidad?

 

Las obras de Inés no buscan dar respuestas. solamente nos muestran.

 

Los trazos parecen multiplicarse hasta desbordar la figura. Las líneas forman una especie de campo de fuerzas donde resulta difícil separar cuerpo, espacio y materia. En lugar de una violencia perfectamente identificable, encontramos su rastro. Y el rastro es más persistente que el acontecimiento mismo. Lo ocurrido termina, pero la marca permanece.

 

La obra de Inés parece comprender esa condición. Cada línea deja una huella. Cada presión sobre la placa produce una transformación. Cada impresión reproduce una imagen y, al mismo tiempo, la convierte en otra. Hay en el propio proceso del grabado una tensión entre permanencia y transformación que dialoga profundamente con el tema investigado: aquello que queremos borrar puede permanecer inscrito.

 

En una cultura como la que vivimos, donde las imágenes de dolor circulan de manera permanente, esta situación adquiere especial relevancia. Rostros, cuerpos, enfrentamientos, pérdidas. La repetición puede producir una extraña paradoja: mientras más imágenes vemos, menos capaces somos de mirar realmente. Frente a ello, Inés construye imágenes que no buscan facilitar la contemplación. La perturban. La vuelven incompleta. Nos obligan a permanecer frente a ellas.

 

Hoy esa permanencia adquiere otro valor.

 

Inés investigó las marcas de la violencia, ahora, ella misma, deja una huella. Su ausencia se une inevitablemente a la exposición, no como un tema añadido, sino como una condición desde la cual observamos su obra. Aquello que antes era una investigación sobre la violencia, las presencias perturbadoras y las imágenes del dolor, ahora dialoga también con el recuerdo de quien produjo esas imágenes.

Sin título

Litografía sobre papel de algodón

50 x 33 cm

2013

Sin título

Litografía sobre papel de algodón

40 x 33 cm

2013

Sin título

Litografía sobre papel de algodón

37 x 27 cm

2013

Sin título

Litografía sobre papel de algodón

50 x 32 cm

2013

Sin título

Punta seca sobre papel de algodón

38 x 28 cm

2013

Sin título

Punta seca sobre papel de algodón

27 x 18 cm (placa)

2013

Sin título

Punta seca sobre papel de algodón

2013

Sin título

Litografía sobre papel de algodón

38 x 28 cm

2013

Sin título

Litografía sobre papel de algodón

38 x 28 cm

2013

Sin título

Litografía sobre papel de algodón

38 x 28 cm

2013

Sin título

Litografía sobre papel de algodón

38 x 28 cm

2013

Sin título

Serigrafía sobre cartulina

32 x 50 cm

2013

Sin título

Litografía sobre papel de algodón

20 x 27 cm

2013

Sin título

Litografía sobre papel de algodón

28 x 38 cm

2013

Sin título

Litografía sobre papel de algodón

28 x 38 cm

2013

Sin título

Mixta sobre papel amate

50 x 40 cm

2013

Sin título

Litografía sobre papel de algodón

33 x 50 cm

2013

Sin título

Serigrafía sobre cartulina

33 x 40 cm

2013

Sin título

Serigrafía sobre papel amate

32 x 25 cm

2013

Sin título

Serigrafía sobre tela

Medidas variables

2013