Esta serie de doce fotografías recorre rincones de Venecia donde la ciudad parece hablar en susurros: muros descascarados, ladrillos a la vista, capas de historia que se deshacen con la humedad y el tiempo. Lejos de las postales turísticas, estas imágenes se detienen en lo que persiste y se erosiona, en lo que resiste sin alardes.
La edición rústica acentúa la materia: texturas que crujen, colores que se apagan, huellas de lo vivido. Cada encuadre es una invitación a mirar de cerca, a leer en las paredes una narrativa que no necesita traducción. Venecia se revela aquí como un cuerpo que envejece con dignidad, que se deja ver en su desgaste, en su belleza imperfecta.
El trabajo propone una estética de lo inacabado, de lo que se sostiene en equilibrio entre lo que fue y lo que aún es. En ese umbral, la ciudad se vuelve íntima, casi confidencial. No se trata de retratar Venecia, sino de escucharla: en sus grietas, en sus sombras, en la poesía callada de sus muros.